¿Las secretarías de Deportes
Municipales, son eficientes?
Por Gerardo Chichiri
La pregunta no es azarosa, ya que
muchas veces funcionan sin un rumbo claro, y solo basta con analizar los
resultados obtenidos para saber que no son eficientes. Y las que mejoran, ¿lo
hacen por que toman sus decisiones por intuición o porque manejan información
relevante?
En la gestión del deporte municipal todavía es común ver acciones que se
repiten en el tiempo solo poque siempre se hicieron de esa manera o porque al
secretario o director cree que esa es la mejor decisión, otros tal vez porque confían
en su experiencia; pero casi todos ignoran los indicadores del rendimiento.
Tampoco es descabellado pensar en
las decisiones políticas que toman los intendentes de forma arbitraria para obtener
cierto rédito propagandístico y que no tienen ningún tipo de fundamento desde
lo técnico. Un tema de mucha
controversia son las becas deportivas que no son otorgadas a quienes realmente
las necesitan sino en los que gozan de favoritismos políticos o en muchos casos
son asignadas erróneamente a deportistas no calificados solo por
desconocimiento.
Un error común, de las secretarías
o direcciones de deportes es confundir o no tener en claro la diferencia existente
los deportes, a saber: deporte escolar, deporte olímpico, deporte social,
deporte profesional, cada uno con su lógica y cada uno con sus necesidades. No
reconocer por ejemplo la diferencia entre un runner y un atleta; entre un
atleta veterano y un atleta en formación con proyección internacional hace que
se inviertan cuantiosas sumas en personas que practican este tipo de deporte
social y se descuidan a las verdaderas promesas, o en el caso de darles a todos
por igual; a unos les será suficiente y a otros no les ayudará en lo más
mínimo. Esto es simplemente un ejemplo entre otros tantos deportes individuales
y de equipo
Otro error es financiar deportes no
federados o pertenecientes a federaciones no reconocidas por el Comité Olímpico
Argentino; de manera que celebran campeonatos mundiales todos los años y sus adherentes
acuden permanentemente a solicitar “apoyo” al municipio para competir en
cualquier parte del mundo, porque son de la “selección argentina” y hay tantas
selecciones como “federaciones no reconocidas”.
Al no existir un criterio a la
hora de asignar recursos, se terminan por agotar las partidas de los presupuestos
asignados y no se avanza en la concreción de ningún programa realmente efectivo.
Cuantos deportistas han
desperdiciado sus interminables horas de trabajo, cuántos entrenadores
sacrificaron horas de descanso o de sueño para llevar adelante un proyecto que,
por falta de ideas de las secretarias de deportes, terminaron en la nada.
Cuanto derroche de talento de generaciones enteras que quedaron rezagadas por
la desidia, incapacidad, impericia o ignorancia de los que ocupan los cargos o
de los que deciden las partidas presupuestarias.
Con esto no quiero decir, que el
deporte social no deba ser acompañado; y menciono solo el deporte social porque
el escolar recibe partidas específicas del gobierno de la provincia de Buenos
Aires, y el profesional porque claramente no lo necesita; insisto en que debe
ser acompañado, pero no debe dejar de prestarse una especial atención al
deporte de proyección, amateur y olímpico. Claro está que esas son las “decisiones
políticas” que deberán atenderse y que sean de una u otra orientación no deben
tomarse por intuición; ya que dirigir una organización deportiva no consiste en
adivinar, consiste en decidir de manera inteligente.
Cada secretaría de deportes
deberá interpelarse sobre si cuenta con una estrategia definida, si la cumple,
si es financieramente sostenible ese proyecto, si tanto deportistas como
dirigentes adhieren a las propuestas y si efectivamente su capacidad de gestión
genera confianza y activa la participación motorizando la aparición de más y
mejores deportistas.
En muchos casos estas secretarías
sean por los motivos que sean, representan un verdadero obstáculo para el crecimiento
deportivo en vez de ser un impulsor.
Otra pregunta que deberán
responder es si generan impacto en la comunidad deportiva, si son innovadores y
están fidelizando a quienes creen en sus proyectos. Pero lo más importante que
deben plantearse es si están mejorando o no las condiciones del deporte local.
Responder estas simples preguntas pueden ser herramientas
muy significativas para reducir la incertidumbre, anticipar riesgos, construir organizaciones
más sólidas, multiplicar deportistas y optimizar sus rendimientos.
Una secretaría de deportes que no
interpela sus propias acciones puede no tener resultados favorables o perder la
sostenibilidad de proyectos potencialmente exitosos. Puede ejecutar el 100% de
su presupuesto y no generar ninguna transformación, puede organizar cientos de
eventos y aún así seguir sin una estrategia clara.
La verdadera gestión deportiva
comienza cuando dejamos de administrar simples actividades y empezamos a
recabar información para crear valor con las mejores decisiones.
Al final, los resultados hablan
del presente, pero los indicadores bien interpretados construyen el futuro; y
planificarlo garantiza el derecho de cada deportista de avanzar en sus propias
carreras y concretar sus propios objetivos.
Y todo esto se realiza con dinero
de los contribuyentes, por lo que el cargo de secretario o director de deportes
no es menor; de él depende que esas sumas de dinero sean para algo productivo o
un derroche del sacrificio colectivo. En todo caso, cada uno sabrá si está solamente
para cobrar el sueldo o para definir el futuro de nuestros jóvenes, y esa sí es
una gran responsabilidad.
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