jueves, 25 de junio de 2026

 

¿Las secretarías de Deportes Municipales, son eficientes?


                                                        Por Gerardo Chichiri

La pregunta no es azarosa, ya que muchas veces funcionan sin un rumbo claro, y solo basta con analizar los resultados obtenidos para saber que no son eficientes. Y las que mejoran, ¿lo hacen por que toman sus decisiones por intuición o porque manejan información relevante?
En la gestión del deporte municipal todavía es común ver acciones que se repiten en el tiempo solo poque siempre se hicieron de esa manera o porque al secretario o director cree que esa es la mejor decisión, otros tal vez porque confían en su experiencia; pero casi todos ignoran los indicadores del rendimiento.

Tampoco es descabellado pensar en las decisiones políticas que toman los intendentes de forma arbitraria para obtener cierto rédito propagandístico y que no tienen ningún tipo de fundamento desde lo técnico.  Un tema de mucha controversia son las becas deportivas que no son otorgadas a quienes realmente las necesitan sino en los que gozan de favoritismos políticos o en muchos casos son asignadas erróneamente a deportistas no calificados solo por desconocimiento.

Un error común, de las secretarías o direcciones de deportes es confundir o no tener en claro la diferencia existente los deportes, a saber: deporte escolar, deporte olímpico, deporte social, deporte profesional, cada uno con su lógica y cada uno con sus necesidades. No reconocer por ejemplo la diferencia entre un runner y un atleta; entre un atleta veterano y un atleta en formación con proyección internacional hace que se inviertan cuantiosas sumas en personas que practican este tipo de deporte social y se descuidan a las verdaderas promesas, o en el caso de darles a todos por igual; a unos les será suficiente y a otros no les ayudará en lo más mínimo. Esto es simplemente un ejemplo entre otros tantos deportes individuales y de equipo

Otro error es financiar deportes no federados o pertenecientes a federaciones no reconocidas por el Comité Olímpico Argentino; de manera que celebran campeonatos mundiales todos los años y sus adherentes acuden permanentemente a solicitar “apoyo” al municipio para competir en cualquier parte del mundo, porque son de la “selección argentina” y hay tantas selecciones como “federaciones no reconocidas”.

Al no existir un criterio a la hora de asignar recursos, se terminan por agotar las partidas de los presupuestos asignados y no se avanza en la concreción de ningún programa realmente efectivo.

Cuantos deportistas han desperdiciado sus interminables horas de trabajo, cuántos entrenadores sacrificaron horas de descanso o de sueño para llevar adelante un proyecto que, por falta de ideas de las secretarias de deportes, terminaron en la nada. Cuanto derroche de talento de generaciones enteras que quedaron rezagadas por la desidia, incapacidad, impericia o ignorancia de los que ocupan los cargos o de los que deciden las partidas presupuestarias.

Con esto no quiero decir, que el deporte social no deba ser acompañado; y menciono solo el deporte social porque el escolar recibe partidas específicas del gobierno de la provincia de Buenos Aires, y el profesional porque claramente no lo necesita; insisto en que debe ser acompañado, pero no debe dejar de prestarse una especial atención al deporte de proyección, amateur y olímpico. Claro está que esas son las “decisiones políticas” que deberán atenderse y que sean de una u otra orientación no deben tomarse por intuición; ya que dirigir una organización deportiva no consiste en adivinar, consiste en decidir de manera inteligente.

Cada secretaría de deportes deberá interpelarse sobre si cuenta con una estrategia definida, si la cumple, si es financieramente sostenible ese proyecto, si tanto deportistas como dirigentes adhieren a las propuestas y si efectivamente su capacidad de gestión genera confianza y activa la participación motorizando la aparición de más y mejores deportistas.

En muchos casos estas secretarías sean por los motivos que sean, representan un verdadero obstáculo para el crecimiento deportivo en vez de ser un impulsor.

Otra pregunta que deberán responder es si generan impacto en la comunidad deportiva, si son innovadores y están fidelizando a quienes creen en sus proyectos. Pero lo más importante que deben plantearse es si están mejorando o no las condiciones del deporte local.

Responder estas simples preguntas pueden ser herramientas muy significativas para reducir la incertidumbre, anticipar riesgos, construir organizaciones más sólidas, multiplicar deportistas y optimizar sus rendimientos.

Una secretaría de deportes que no interpela sus propias acciones puede no tener resultados favorables o perder la sostenibilidad de proyectos potencialmente exitosos. Puede ejecutar el 100% de su presupuesto y no generar ninguna transformación, puede organizar cientos de eventos y aún así seguir sin una estrategia clara.

La verdadera gestión deportiva comienza cuando dejamos de administrar simples actividades y empezamos a recabar información para crear valor con las mejores decisiones.

Al final, los resultados hablan del presente, pero los indicadores bien interpretados construyen el futuro; y planificarlo garantiza el derecho de cada deportista de avanzar en sus propias carreras y concretar sus propios objetivos.

Y todo esto se realiza con dinero de los contribuyentes, por lo que el cargo de secretario o director de deportes no es menor; de él depende que esas sumas de dinero sean para algo productivo o un derroche del sacrificio colectivo. En todo caso, cada uno sabrá si está solamente para cobrar el sueldo o para definir el futuro de nuestros jóvenes, y esa sí es una gran responsabilidad.





No hay comentarios.:

Publicar un comentario

  GENOCIDIO DEPORTIVO ARGENTINO Durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón (1946-1955), el deporte fue promovido como una política d...