La
primera etapa de no presencialidad nos presentó enormes desafíos, cómo llegar a
cada deportista, a cada familia de forma singular fueron preguntas iniciales
que no nos dejamos de hacer y a las cuales fuimos dando múltiples respuestas,
creativas, amplias y diversas.
Transitamos
esta etapa donde la distancia irrumpió alterando las coordenadas de tiempo y
espacio fundantes de lo deportivo, irrupción que por su espectacularidad requirió
acciones urgentes y necesarias que se constituyen en el sustento de lo que
afrontaremos de aquí en más.
Pero
antes quiero destacar algunas de las tantas cosas que pudimos aprender durante
esta pandemia. En primera instancia nos enseñó que la infraestructura, la pista
o el campo no es lo convocante, sino que son los vínculos que establecemos con
los/as atletas, sus familias, la comunidad. Son esos vínculos los que permiten
que el acto de enseñanza se desarrolle, para que el aprendizaje sea posible.
También
conocimos la solidaridad, el compromiso y la responsabilidad con la que cada profesor
de Educación Física y de cada entrenador comprendiendo la difícil situación de
muchas familias, acudieron a colaborar con las herramientas que tenían a mano.
También
aprendimos que la figura del entrenador, del profesor de Educación Física es
insustituible, y que su presencia en el campo de entrenamiento es fundamental tanto
para la convocatoria, como para la motivación diaria de los atletas. Por supuesto
que no se discuten los aspectos técnicos, sino que al contrario que la
intención es fortalecer la figura desde lo estrictamente humano.
Ahora,
en esta etapa, nos debemos mantener atentos y creativos desde cada uno de
nuestros niveles de responsabilidad para garantizar que los entrenamientos sigan aconteciendo.
Es
primordial que los entrenamientos sigan ocurriendo para no interrumpir las
distintas fases de adaptación, que se sostengan las tramas y los vínculos
educativos. Sabemos que en esta coyuntura, ningún recurso tecnológico que
pongamos en juego reemplazará jamás la presencialidad, que construye
subjetividades y las enlaza, promoviendo autonomía y emancipación. Sabemos que
continuaremos adelante con cualquier recurso disponible; y también que este
contexto también represente una pausa y una nueva oportunidad, que genere los
tiempos para continuar estudiando, profundizando nuestros conocimientos como
entrenadores y pensando nuevas estrategias para alcanzar y sostener a nuestros
jóvenes enfocados en la tarea hasta que finalice esta pandemia.
En estos
últimos tiempos, que nuestras coordenadas se desplazaron intempestivamente,
tuvimos que dar respuestas rápidas a preguntas nuevas y atender la urgencia de
nuestros deportistas, de nuestras escuelas, y de nosotros mismos, sujetos
involucrados tanto como otros en esta inédita situación.
Y
para seguir cuidándonos en comunidad, tenemos que fortalecer esas propuestas
iniciales con más y mejor enseñanza. Enseñanza, que vuelvo a decir, nunca está
fuera de contexto, nunca está por fuera del lazo vincular, nunca se hace en
soledad, y menos en esta situación de excepcionalidad de la que tendremos mucho
para retomar cuando, como todos deseamos, volvamos para seguir haciendo
escuela, para seguir enseñando en la palestra, como siempre, en la
presencialidad.















